Entre la soledad y el amor

Autor: Alfredo Bryce Echenique


Hay millones de maneras de ser tímido, es cierto, y van desde el no soltar nunca una palabra hasta el soltarlas todas, me consta...
Alfredo Bryce Echenique nos ha regalado varias historias cómicas y nostálgicas, entre ellas Un mundo para Julius, La amigdalitis de Tarzán, y El huerto de mi amada.  Pero este libro no es ni novela, ni cuento.  En sus páginas el peruano nos muestra, por medio de ensayos y reflexiones, el andamiaje sobre el cual están escritas sus obras.   El libro está dividido en cuatro partes: La soledad, La depresión, La felicidad, y finalmente, El amor.
La soledad – Siendo un tema sobre el cual mucho se ha hablado y escrito, Bryce no ofrece una nueva perspectiva: el escritor habla de la soledad de las personas aun estando en multitudes, la de los niños que hoy más que nunca son educados por la televisión, la soledad de los jóvenes que luchan en comunidad por una individualidad, la de los ancianos, y la de la nueva sociedad para la cual el matrimonio es todos los días un poco más desechable.  Hablando de esto, el escritor se mete en el tema de la comunicación donde ofrece un valioso cuestionamiento:
Aspiramos a una comunicación bastante extraña, por cierto, ya que el otro se vuelve indispensable y al mismo tiempo se le quita toda importancia.  Nuestra necesidad del otro es inmensa, pero el papel que le atribuimos es insignificante.
Dentro de este esquema, el otro no existe para que lo comprendamos sino para responder a la necesidad que tenemos de su presencia.  Si la comunicación tuviese un objetivo, obligaría a cada sujeto a un esfuerzo de reciprocidad.  Tendríamos que esforzarnos para comprender al otro y , por reciprocidad, otro haría lo mismo.  Pero en el principio y fin de la comunicación estamos solos ante un ser imaginario, producto de nuestros fantasmas.  Hoy se habla de comunicación.  Es una palabra que todo el mundo tiene en sus labios y que supone un «emisor» y un «receptor».  Pero lo que tenemos es el uno sin el otro.  No hay intercambio.  La comunicación consiste en dos monólogos, no en un diálogo.
En la parte de La depresión el autor nos cuenta de manera narrativa —excelente, por cierto— su experiencia personal.  Nos muestra los detalles sin despertarnos completamente la lástima, como un momento duro, pero —quizás— ya superado.  Esta parte nos acerca a él, es contada con mucho sentimiento y dedicada a la persona que le ayudó a salir de sus crisis.
En La felicidad el peruano analiza este estado desde el punto de vista de las necesidades, argumentando que la búsqueda de esta sensación es innata en el ser humano, y que muda dependiendo de quien la emprenda —la felicidad mía es diferente a la suya, por ejemplo, y cualquiera de los dos puede estar en diferentes capacidades de alcanzarla—.
Finalmente se toca el punto de El amor. Bryce nos habla de él como una cosa maravillosa y al mismo tiempo efímera, una cosa que se nos escapa:
Quizá el  absoluto es una quimera, como Dios, una ilusión necesaria del conocimiento.  Y puesto que el amor absoluto no puede realizarse, es tan sólo el encuentro de dos seres que dura una corta eternidad, nos deja el sabor melancólico del infinito, o crea la ansiedad desesperada del bien único apenas vislumbrado en los tiernos abrazos, o del sol radiante del mediodía cuya búsqueda desesperada acabó de enloquecer a Van Gogh.  «El absoluto es la absoluta identidad consigo mismo» afirmó Hegel.
Como se dijo anteriormente Entre la soledad y el amor muestra las mareas del autor,  nos deja ver a través de sus páginas eso que verdaderamente le ha llevado a poner la mano sobre el papel.
Paris, mayo 1, 2010

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