El hacedor


Autor: Jorge Luis Borges
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche
Los libros de Borges son difíciles de reseñar por muchas razones; quien escribe este texto sólo dará dos: la primera, porque Borges escribía también reseñas y quienquiera que le haya leído comprenderá la inutilidad de la competencia; la segunda —que es talvez una derivación de la primera—, porque sus escritos son abismos, espejos, y laberintos, cosas son muy difíciles de reseñar. 
El hacedor es quizás el libro más íntimo del autor.  En comparación a El Aleph y a Ficciones hay que decir que no es ni mejor ni peor, sino el complemento que un buen fanático andaba buscando.  Porque en estos dos libros el argentino se muestra inalcanzable, un ser que maneja las palabras como el mejor, uno que deslumbra con su elegancia, que juega con nosotros y al mismo tiempo nos engaña con un poco de tristeza.  Pero en El hacedor, Borges revela su humanidad, un poco de su vida, de sus amigos, y de alguien de quien él temía su veredicto. 
El hacedor es una recopilación de poemas, historias y reflexiones.  En Las uñas, el argentino reflexiona elegante sobre esta parte del cuerpo, en Delia Elena San Marco se despide de su amiga cuestionando la existencia humana y preguntándose si habrá “otro día”; en La trama nos enseña nuestra sempiterna naturaleza; en La parábola del palacio nos dibuja la grandeza de un poema; en Everything and Nothing nos dice que somos la última palabra:
La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: «Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo».  La voz de Dios le contestó desde un torbellino: «Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadie».
En este libro Borges  menciona lo inminente e inevitablemente efímero de su ser.  Trata de decirnos en algunas líneas que lo importante no es él sino sus escritos.  Y si quien tiene este libro entre sus manos, lee algunas de sus páginas y se imagina que no es Borges quien lo escribe, sino otro, un desconocido, entonces lo más seguro es que de su boca salga una sola e inmensa palabra: Gracias.
Paris, mayo 16, 2010

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