2666



Autor: Roberto Bolaño
Toda vida, le dijo esa noche Epifanio a Lalo Cura, por más feliz que sea, acaba siempre en dolor y sufrimiento.  Depende, dijo Lalo Cura.  ¿Depende de qué, buey?  De muchas cosas, dijo Lalo Cura.  Si te pegan un balazo en la nuca, por ejemplo, y el pinche asesino se acerca sin que lo escuches, te vas al otro mundo sin dolor y sufrimiento.  Pinche escuincle, dijo Epifanio.
Latinoamérica perdió a principios de siglo uno de sus principales exponentes: Roberto Bolaño.  Aunque el escritor era chileno pasó muchos de sus años en México y en España, ambientes que quedan plasmados en varias de sus obras.  El estilo del chileno es extraño: tanto en Los detectives salvajes, como en 2666, sus historias son un río inmenso con mil bifurcaciones.  Él nos lleva en ellas mostrándonos los paisajes, haciéndonos preguntar qué era que éstas tenían que ver con la historia principal y al mismo tiempo pidiéndonos que esperemos; lo seguimos con alegría, pues el paisaje o la historia en frente suyo no es menos buena que la troncal.  Al final, cuando se conoce el libro en su totalidad uno dice: Ya veo…
Por esto y por el manejo de la lengua, Bolaño es un autor importante.  Su conocimiento y arquitectura narrativa es tal que le permitía construir historias sin límites de espacio o tiempo.  Un verdadero monstruo de la literatura latinoamericana.
El chileno escribió 2666 sabiendo que era lo último que escribiría.  El libro, está dividido en cinco partes las cuales el autor quiso fueran vendidas individualmente para garantizar el sostenimiento de su familia.  Los herederos de la obra pensaron que ésta sería mejor si se publicara en su totalidad y así lo hicieron desafiando los deseos del autor.  Quien escribe esta reseña se disculpa de antemano por lo largo de ésta, pero la obra es gruesa, extraña, y apasionante.
2666 comienza con La parte de los críticos que narra la historia de cuatro académicos: un francés, un español, un italiano y una inglesa.  El escritor cuenta sus inicios y el momento de su vida en que leen el autor que les cambia la vida: Archimboldi.  Los jóvenes lectores devoran sus libros y escriben sobre él, convirtiéndose con el tiempo en expertos.  De Archimboldi no se sabe nada: cómo es, dónde vive, o si está o no vivo.
Los académicos se conocen en una de las convenciones y ahí comienzan sus historias y líos amorosos.  Terminan matando un taxista —el francés y el español—, compartiendo un amor —el francés, el español y la inglesa que trae bobos a los dos y al paralítico italiano—; buscando un pintor que se corta la mano y la pone como pieza principal de toda su obra; buscando en Sonora México al escritor alemán, hablando con un tipo en Inglaterra que tiene un pequeño bar en una casa en la que ronda el fantasma de su abuela, y con un profesor obnubilado que no sabe qué hace donde está.  
El segundo libro, La parte de Amalfitano, narra la historia del profesor obnubilado con el mismo nombre.  El tipo es chileno, y tiene una hija de una madre ausente que es española.  La primera parte del libro sucede en España y cuenta la historia de su mujer.  Una persona que se levanta un día diciendo que se va en busca de un poeta que Amalfitano piensa, es homosexual.  Después de mucho andar y uno que otro encuentro sexual, ella vuelve a su casa anunciando que está muriendo de Sida.  Ella saluda a su hija y se va para nunca más volver.  Amalfitano se muda de Europa a America y recibe entre sus cajas un libro sorpresa, por así decirlo, pues él no recuerda donde lo compró ni que nadie se lo hubiera regalado.  Su nombre era El tratado geométrico.  Él, siguiendo las sugerencias del autor del tratado, lo cuelga a secar al aire libre (como la ropa mojada, sólo que el libro está seco).  Días después comienza a oír una voz que al principio le dijo que era de su abuelo, pero que después le dijo que era su padre.  Amalfitano no creyó ninguna de las dos, pero ella siguió ahí.  Bolaño luego narra la relación de Amalfitano con el hijo del decano de filosofía de la universidad, un joven que no cree ni en México ni en nada:
Bueno, dijo el joven Guerra, pues si quiere saber lo que yo pienso, no creo que sea verdad.  La gente ve lo que quiere ver y nunca lo que quiere ver la gente se corresponde con la realidad.  La gente es cobarde hasta el último aliento.  Se lo digo confidencialmente: el ser humano, hablando grosso modo, es lo más semejante que hay a una rata. 
La historia de Amalfitano termina con un sueño extraño en el que Boris Yeltsin, a quien Amalfitano ve desilusionado como el último filósofo del comunismo, le explica las tres patas de la mesa humana.
La parte de Fate, es el tercer libro.  Fate es un periodista afro-americano de la revista Amanecer Negro quien durante las primeras páginas pierde su madre.  Es ahí donde el personaje vomita por primera vez y continúa haciéndolo a lo largo del libro metiéndonos en un área de nausea que no termina.  El tipo viaja a Detroit a conocer a Seaman —un anciano negro fundador de un conocido e importante grupo afro-americano en los años a mediados de los años 60— donde le hace una entrevista.  Luego viaja a México para cubrir una pelea y mientras esto hace, nos habla de otras entrevistas: la del último negro comunista de Brooklyn, las de un boxeador, y las de un grupo de musulmanes en New York que de alguna manera apoyaban a Osama Bin Laden.  Ya en México, Bolaño enlaza las historias: el periodista negro conoce a Rosa, —la hija española de Amalfitano— de quien termina enamorado.  El libro termina con Fate, Rosa y una periodista en una cárcel de México entrevistando a un alemán supuestamente comprometido en los asesinatos de la frontera.
La parte de los crímenes es definitivamente, el libro más interesante.  Sin darnos cuenta cómo, Bolaño nos mete en los asesinatos de mujeres de Sonora.  Para quienes no estén enterados, una ola de asesinatos de mujeres se dio en la frontera mexicana con Estados Unidos a finales de los años noventa y principios de este siglo.  Aquí el escritor, talvez queriendo que esto quedase documentado de alguna forma, cuenta muchísimos de los múltiples asesinatos, y los liga a personajes que demuestran el ambiente denso y casi quieto de esa parte de México.  Nadie ha visto nada, la policía no se mueve, las maquiladoras —el núcleo empresarial de esa zona— miran hacia otro lado, y los políticos ni se dan por enterados.  La prensa también calla.  Un alemán —el mismo alemán de La parte de Fate— es usado como chivo expiatorio y, al parecer, extrañamente, el tipo se acostumbra a la cárcel.  El libro termina con una ola de rabia de una política que pierde a su amiga entre el mar de muertas de la frontera.
Con La parte de Archimboldi, Bolaño cierra, por decir cualquier cosa, su libro.  Archimboldi, cuyo nombre verdadero es Hans Reiter —Archimboldi era el nombre de un antiguo pintor italiano que Reiter dio por casualidad al tipo que le alquilaba la máquina de escribir— es hijo de un cojo y una tuerta, hermano de una niña.  El alemán es un infante un poco extraño, callado, y obsesionado por el mar —el fondo del mar—.  Nada de extraño tiene la infancia del escriba, menos la presencia de un sólo libro sobre la naturaleza marina.  Hans trabaja en la casa de un conde donde conoce su primer amigo, un tipo que le muestra más libros y que roba al dueño de la casa, y donde conoce a una joven que luego será la esposa de quien pública sus libros.  Después de eso Hans va a la guerra y encuentra en una casa abandonada un cuaderno de un escritor judío que habla todo el tiempo de un escritor alemán.  Hans memoriza el cuaderno y en compañía de una novia que encontró cuando perdió a su mejor amigo, comienza a escribir novelas.  ¿Cómo termina la novela?  Pues la verdad es que la novela no termina, sino que queda abierta, como un abrazo difícil de descifrar.  Al final, el chileno explica que Lotte —la hermana— tiene un hijo a quien le pone el nombre de Klaus.  Klaus se aburre en Alemania, parte para America, y termina en México pagando una condena por crímenes que, después de conocer un poco su historia, nos negamos a pensar que cometió.  En un vuelo a visitar a su hijo preso, Lotte lee una novela que cuenta su infancia dándose cuenta de quien la escribe es su hermano perdido.
¿Qué quiere decir 2666?  Específicamente la novela no dice.  El editor dice que 2666 es un año expresado en una novela anterior, otros dicen que es el año de un cementerio que Bolaño hace en una descripción; sinceramente, quien escribe esta reseña ignora la respuesta.  Talvez algún dato o documento futuro revele o confirme estas suposiciones.  Lo importante es que Bolaño nos regala su mundo —ese mundo tan grande—, sus personajes, y más que nada el juego y la maestría de saber contar una historia dentro de una historia dentro de una historia. 
New York, abril 22, 2010

1 comentario:

Anónimo dijo...

esta bueno qe armen un grupo donde la gente pueda discutir sobre libros y q etambien rrecomienden XD

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