El muro


Autor: Jean Paul Sartre
Es como las pesadillas, dijo Tom.  Uno quiere pensar en cualquier cosa, todo el tiempo uno tiene la impresión que eso es, que uno va a comprender y después todo se va, se escapa y caemos de nuevo.  Yo me digo: después, no habrá más nada.  Y hay momentos donde llego cerca… después caigo nuevamente, vuelvo a pensar en los dolores, en las balas, en las detonaciones.  Yo soy materialista, te lo juro; no me he vuelto loco.  Pero hay algo que no da.  Veo mi cadáver, eso no es difícil, pero soy yo quien lo veo.  Hay veces que pienso… pienso que no veré más nada, que no escucharé a nadie, y que el mundo continuará para los otros.  Uno no está hecho para pensar en eso, Pablo.  Tu me puedes creer: eso me ha desvelado toda la noche.  Pero esa otra cosa, , eso no es parecido: eso nos va a sorprender por la espalda, Pablo y no habrá forma de que podamos prepararnos.
Sartre es un nombre que en la mayoría de la gente despierta prevención.  Puesto que fue uno de los intelectuales más nombrados —y quizás más importantes— de este siglo, muchos lectores le asumen incomprensible.  Se equivocan: por esta razón le fue otorgado el Nobel de literatura; sus páginas no sólo hacen progresar en la comprensión del ser humano, sino que también entretienen.  Los cuentos que constituyen el muro son un excelente ejemplo de ello.
El muro, el primer cuento, es la historia de un grupo de personas que son encerradas en un calabozo y que esperan ser fusilados al día siguiente.  En la angustia de la víspera de la muerte el francés explota con sus personajes el miedo, la vanidad, la soledad y el reconocimiento del cuerpo como herramienta de contacto con el mundo.  Es, definitivamente, el mejor de los cuentos.  El final es excelente, inesperado, y absurdo.
La habitación cuenta la historia  de una mujer atraída por el abismo que es la locura del marido y de su padre por salvarla de su destino.  Sartre pone a todos los personajes separados por una especie de locura individual.
Érostrate es la historia de un hombre que detesta la humanidad.   El hombre consigue un arma y planea durante días como darle un golpe a la sociedad destruyendo un buen número de personas —todas las que con su arma pueda asesinar—.  El terrorista adoraba los héroes oscuros y citó en una charla a Erostrate.  Según la leyenda Érostrate destruyó completamente el templo de Artemisa.  Él buscaba a toda costa la celebridad y ésa era su manera de conseguirla.  El personaje del francés, imitando al antiguo griego, busca su celebridad destruyendo eso que la humanidad más adora —la gente misma—.  Al final el hombre, en medio de un ataque de nervios falla, destruyendo la imagen que tenía de él mismo.
Intimidad cuenta la historia de un trágico y extraño triangulo amoroso.  Lulú ama a Henri porque es impotente.  Rirette tiene una relación extraña con Lulú a quien quiere ayudar sacándola de su relación —ella no concibe la vida de una mujer con un impotente; Rirette piensa que Lulú no puede sacrificar su felicidad de esa manera—.  Y este es el punto de Sartre.  Henri es tan pasivo en la novela como lo es sexualmente.  Talvez su punto es definir la felicidad de una mujer alrededor del hombre sin importar si éste puede o no satisfacerla —un punto que Sartre y Beauvoir probablemente discutieron hasta el cansancio—.
La infancia de un jefe, el último cuento y quizás el más extraño pues de no ser por comentarios sobre psicoanálisis no parecería de Sartre, trata, valga la redundancia, sobre la infancia de un jefe.  El francés explora la niñez, la sexualidad y el desarrollo intelectual de un joven hijo de un industrial.  Sólo al final de  sus páginas, el autor nos deja saber lo que el muchacho lidera.  No es una industria, como el lector puede asumir al principio de sus páginas, sino un partido fascista.
Un buen libro, pequeño y entretenido que puede ser un buen abrebocas para quien desconoce las ideas de uno de los más grandes pensadores franceses del siglo  XX.
Paris, Marzo 28, 2010

2 comentarios:

Jimmy Vasquez dijo...

Se me ocurre que la valoración de un autor determinado pasa por muchas subjetividades. Aquello de "definitivamente el mejor" puede ser objeto de discrepancia, sin restar los méritos de uno u otro escritor.

AV dijo...

Estamos de acuerdo, Jimmy!

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