Damián

Autor: Hermann Hesse
Está mal desear nuevos dioses, completamente errado el continuar querer proveer al mundo con algo.  Un hombre iluminado tiene una obligación: buscar el camino hacia sí mismo, alcanzar la certeza interna, saltar por encima de su futuro sin importar dónde caiga.
Damián fue la novela que lanzó a la fama internacional al autor alemán.  La publicó en 1919 con el seudónimo de Emil Sinclair —que es el personaje principal de la obra—.  Esta forma de presentación no fue gratuita: Hesse, que ya era conocido a nivel nacional, fue acusado por sus comentarios y escritos como un antipatriota pues se pronunciaba en contra del rol alemán en la primera guerra mundial.  Estos pensamientos, a los que el tiempo les daría la razón, también fueron expresados en su novela:
Entre más obstinado el mundo se concentraba en guerra y heroísmo, en honor y otros viejos ideales, más remota e improbable sonaban los susurros de genuina humanidad.  Todo eso era sólo una superficie, de la misma manera en que las preguntas sobre los objetivos políticos y externos de la guerra permanecieron superficiales.
El libro comienza con la historia de Emil Sinclair, un niño de clase alta alemana que, cometiendo un error de infante, se ve bajo el yugo de otro un poco mayor.  Los tormentos del adolescente al niño llegan a tal punto que amenazan por completo su futuro.  Afortunadamente el niño es salvado por un nuevo compañero, uno que le influenciaría por el resto de su vida: Damián. 
La amistad es la línea que guía la narración: a veces están juntos, a veces no.  Damien, un joven iluminado, simplemente espera la evolución de Sinclair para por fin hacerse a su lado.  El joven continúa por la vida cometiendo errores y conociéndose a sí mismo, guiado durante su transcurso por el eco de las palabras de su amigo.  Tiempo después ellos se reencuentran para enfrentar su destino: la guerra.
Es imposible leer este libro y no darse cuenta de su influencia en los libros de autoayuda de los tiempos actuales.  Aquí Hesse habla del querer es poder, de los seres especiales —con la marca de Caín, en este caso—, del llamar las cosas que se quieren con la voluntad, y del destino al que todos estamos predestinados.  El Nobel se contradice de vez en cuando, citando por ejemplo a Novalis: Destino y temperamento son dos palabras para un mismo concepto.  Pero igual su punto es claro: el gran maestro alemán quita las etiquetas de lo bueno y lo malo, invita al lector a abrazar la vida como le venga —con caricias o puños—, y a buscar la verdad en sí mismo:
Lo que está prohibido, en otras palabras, no es algo eterno; puede cambiar.  Cualquiera puede dormir con una mujer tan pronto como a estado junto a ella en frente de un pastor y se ha casado, sin embargo otras razas lo hacen diferente, incluso hoy.  Es por eso que cada uno debe hallar lo que es permitido y lo que es prohibido —prohibido para él.  Es posible nunca romper una regla y aun así ser un bastardo.  Y viceversa.  Es sólo una cuestión de conveniencia.  Aquellos que son demasiado perezosos y cómodos para pensar por sí mismos y ser sus propios jueces obedecen las reglas.  Otros sienten las reglas en su interior; hay cosas prohibidas para ellos que un hombre honorable haría cualquier día en el año.  Cada persona debe pararse sobre sus propios pies.
Paris, Febrero 13, 2010

2 comentarios:

Ana dijo...

Muy buen libro, lo tuve que leer para el colegio hace unos años, al principio es un tanto raro y dificil de entender (enrealidad me dijeron que es la sensacion que le da Hermann Hesse a todo el que lo lee por primera vez), pero cuando se le encuentra la vuelta se da cuenta de que cuales son los puntos importantes de la historia y que es lo que en el fondo quiso decir el autor.

Buen Blog

Santiago Jimenez dijo...

Por ahi lo tengo, venía de ñapa en una edición de Siddartha que me regalaron. No lo he ledio pero Siddartha me gustó.

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