Autor: J.D. Salinger
“Si de verdad quiere escuchar la historia, lo primero que querrá saber es dónde nací, cómo fue mi patética infancia, cómo mis padres estaban ocupados antes de tenerme, toda esa mierda estilo David Copperfield, que yo no quiero contar, para serle franco”.
Así comienza una de las obras que junto con Huckleberry Finn y The Great Gatsby, son consideradas por varios intelectuales como las novelas perfectas, The Great American Novels.
The Catcher in the Rye (traducida al español como “El guardián entre el centeno”) narra la experiencia de un adolescente rebelde que es expulsado de un prestigioso colegio y debe afrontar a sus padres. El joven, en el transcurso de tres días, gasta un dineral, contrata una prostituta con la que no se acuesta, es estafado por el proxeneta, y se emborracha en las calles después de sincerarse y hacer el ridículo con una amiga. Todo esto en medio de una excelente descripción de lo que era New York en los cuarentas.
La narrativa en inglés es perfecta. El vocabulario y las frases se repiten —como las de un adolescente—, y las líneas no duran más de dos renglones. Con este estilo Sallinger no sólo innova en la literatura de la época sino que también logra devolvernos en el tiempo a nuestra adolescencia, donde todo era blanco o negro, donde estábamos tristes y a los diez minutos contentos, donde no entendíamos nada —ni nadie nos entendía tampoco— y nos sentíamos terriblemente solos. Es imposible no amar al personaje quizás porque todos tuvimos un poco de él cuando crecimos:
Lo que pasa es que, la mayoría del tiempo, cuando uno está muy cerca de hacerlo con una chica —una chica que no es una prostituta o algo así, quiero decir— ella te dice todo el tiempo que pares. El problema conmigo es que yo paro. La mayoría de los otros jóvenes, no. Yo no puedo evitarlo. Uno nunca puede saber si ellas de verdad quieren que te detengas, o si sólo están muertas del miedo, o si sólo te dicen que pares para que, si tu sigues, ellas puedan echarte la culpa. En todo caso, yo paro. El problema es que de verdad me dan lástima. Lo que quiero decir es que la mayoría de las chicas son demasiado tontas. Después de que has estado con ellas por un tiempo, tu puedes verlas perder la cabeza. Si tu ves una chica bien apasionada, verás que no tiene cerebro. No sé. Ellas me dicen que pare y yo paro. Casi siempre deseo no haberlo hecho después de haberlas dejado en su casa, pero igual sigo parando.
J.D. Salinger, murió hace poco menos de dos semanas, y fue unos de los escritores más privados de esta época. La última línea de El guardián entre el centeno dice: No le digas nada a nadie; si lo haces, vas a empezar a extrañarlos. Con esta frase talvez explicó de antemano el porqué de su aislamiento.
Paris, febrero 6, 2010
1 comentarios:
la verdad q es un libro muy interesante y la pura verdad es que cuando censuran cualquier cosa es cuando mas a la gente les despierta la curiosidad, es como cuando un niño espia por el baño de las niñas ahhhhhhhh jajajajaj es la misma reaccion y la misma satisfaccion de ver lo prohibido
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