El segundo sexo

Autor: Simone De Beauvoir

Conseguí mi copia de El segundo sexo de Simone De Beauvoir caminando por las calles de Soho en uno de los múltiples puestos de venta de libros usados.  Me costó —no miento—, un dólar; quien dijo que los libros eran el artículo de lujo más barato no mentía.
Le Deuxième Sexe —su título en francés— no es una obra cualquiera.  Quien emprenda la empresa de leerla no lo hará en una tarde o un día; si tiene tiempo y es disciplinado quizás logre acabarlo en una semana —sinceramente lo dudo.  Pero la recompensa al trabajo será enorme: después de las horas invertidas, usted, querido lector, logrará hacer una inmersión en el complejo mundo de la mujer, conocer muchos de los lugares de dónde viene, y talvez vislumbrar ciertas cosas de su coyuntura actual.
La filósofa francesa publicó su obra en 1949 cuando contaba con 41 años.  Dividió su obra en dos libros: el primero: Mitos y realidades; el segundo: La vida de la mujer de hoy.
Mitos y realidades está dividido en tres partes: Destino, en el que De Beauvoir desbarata los múltiples argumentos biológicos usados a través del tiempo para menospreciar las mujeres; Historia, donde explica cómo el hombre, desde sus inicios y excusándose en la naturaleza, asignó a las mujeres los trabajos menos trascendentales; y Mitos, donde habla de la idealización de la mujer y las consecuencias de esto en su historia.
El segundo libro, La vida de la mujer de hoy, está dividido en otras cuatro partes: Los años formativos, donde se explica la niñez, la diferencia entre niño y niña, la iniciación sexual y el lesbianismo; Situación donde se habla de la condición de la mujer casada, la madre, la vida social, las prostitutas, y la vejez; Justificaciones, la tercera parte, explica el narcisismo, la mujer enamorada, y la mujer mística o religiosa.  La intelectual francesa termina su obra cayendo un poco en la redundancia en una parte llamada Hacia la liberación, un breve ensayo sobre la mujer independiente. 
De todas las frases interesantes que De Beauvoir escribió, se escogió la siguiente, en las que la autora muestra ambos lados de la moneda en la vida de la mujer: la represión por parte de su situación y la consecuencia de someterse a ella.

Sólo el trabajo independiente puede asegurar a la mujer una genuina independencia.
La vida de casada toma diferentes formas en diferentes casos.  Pero para una gran cantidad de mujeres el día pasa en similares formas.  El esposo se va en la mañana y la mujer siente satisfacción al escuchar el sonido de la puerta detrás de él.  Ella es libre; los niños van a la escuela; ella está sola; realiza múltiples y pequeñas labores; sus manos están ocupadas, pero su mente está vacía; cualquier plan que  tenga es para su familia; ella vive sólo para ellos; el retorno de ellos al hogar es un alivio.  Su marido acostumbraba traerle flores, un pequeño regalo, ¡pero que tonto suena todo eso ahora!  Él no tiene afán alguno de llegar a casa previniendo las tan frecuentes escenas en las que ella toma su pequeña venganza por su aburrimiento y expresa su anticipada desilusión.  Y el esposo, cansado, tiene un deseo contradictorio de descanso y estimulación que ella falla en satisfacer.  La velada es monótona: lectura, radio, charlas desconectadas; todo bajo la cobertura de una intimidad.   La esposa piensa con esperanza o imaginación si alguna cosas pasará esa noche.  Ella va a dormir desilusionada, irritada, con piedad de sí misma dependiendo del caso; y es con placer que ella escucha la puerta cerrarse al  día siguiente.  El rol de la mujer es mucho más duro de soportar en casos de pobreza y dificultad; es más liviano cuando hay dinero y diversión; pero este diseño de vida —enojo, espera, desilusión— permanece en muchos casos.
Algunas avenidas de escape están abiertas a las mujeres, pero no a todas en la vida real.  En zonas rurales, especialmente, las cadenas del matrimonio son pesadas y la esposa debe acomodarse a la situación que no puede escapar.  Algunas mujeres importantes se convierten en tiranas y amargadas matronas; algunas se convierten en mujeres complacientes, masoquistas, víctimas y esclavas de su familia.  Algunas continúan con el comportamiento narcisista que muestran en su juventud, todavía haciendo y siendo nada, sintiéndose “malentendidas” en su culto melancólico hacia sí mismas, buscando refugio en sueños románticos, excusas, escenas, dramas imaginarios, flores, y ropas.
Quien escribe esta reseña ha escuchado muchas cosas acerca de este libro —la mayoría, desafortunadamente, de personas que nunca lo leyeron—: de una francesa oí que el libro ya era obsoleto; de un americano, que el libro se refería más que nada a la mujer francesa —un tipo ciego, por cierto—.  Alguien que vio en el blog que leía el texto, comentó que su lectura debería ser obligatoria para toda mujer; no entiendo por qué, querido lector, nos excluiste a los hombres.
El segundo sexo es un libro que abrirá a todos un mundo que siempre ha estado ahí, inaccesible.  Es una muleta impresionante para ayudar a entender a las madres, a las hermanas, a las amigas, y a todas aquellas con las que se tiene una relación sentimental.  La francesa explica con casos, testimonios, e investigaciones, temas tan complejos como la menstruación y la vejez, temas tan inesperados como la dicha y el significado de orinar parado y el narcisismo femenino.  Se puede decir que la autora es imparcial en todo —con excepción talvez del matrimonio, del cual se expresa con ambas, una lógica y un odio aterrador—.  Quien escribe estas letras no es un experto en feminismo, desconoce el impacto de la obra en dicho movimiento, o si habrán otras de similar magnitud.   Aun así, es personalmente una de las obras y estudios más reveladores e importantes que he leído.  Una lectura para nada aburrida y recomendada a todos.
New York, Enero 18, 2010

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me interesó la propuesta. Aunque también me resultó curioso el contraste del precio del libro. Acabo de verlo por 61 dólares.

Anónimo dijo...

El Segundo Sexo esta tan vigente hoy como cuando la gran Simone lo escribió. el machismo, la sumisión y la dependencia en el hombre, sea económica o de índole sentimental siguen en pie. Seguimos siendo "lo otro" porque, a pesar de ciertas batallas ganadas, el mundo sigue siendo propiedad de los hombres. Algunos, los menos, quizás para redimirse, suelen decir "La mujeres son las verdaderas heroínas", pero muchas veces me cuesta creerles. Todo cuanto un hombre pueda opinar en contra de esta obra maestra no hace más que legitimar su verdad

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