The Animal Farm

Autor: George Orwell
The Animal Farm o Rebelión en la granja —por su traducción— fue publicado por primera vez en 1945.  No fue una época cualquiera: ése fue el año en el que se lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.  La versión leída para esta reseña relaciona en su introducción estos dos hechos por el impacto que tendrán en el futuro de la humanidad.  Esto puede ser una exageración, pero bien pensado, hasta hoy, los dos hechos siguen influenciando la vida de los hombres.
Rebelión en la granja cuenta la historia de una sociedad de animales de granja que, cansada de los maltratos de sus amos —los humanos—, deciden rebelarse y desterrarlos para conseguir mejores condiciones de trabajo y de vivienda.  Al principio lo consiguen, pero viéndose libres de sus verdugos originales, con el tiempo y casi sin darse cuenta, terminan en manos de uno mas cruel, uno de ellos. 
Orwell nos cuenta la historia de las sociedades ignorantes que, como un ciclo, se destruyen una y otra vez.  Por medio de su cuento de hadas —así lo denominó no exento de sarcasmo— describe con increíble puntería y casi a la perfección, los elementos claves usados por los gobiernos totalitarios para manipular al pueblo, el orden en que estos son ejecutados, los tipos de personas necesarias para llevar a cabo un estado autoritario, y lo más triste de todo, los comportamientos humanos que dejan que todo esto ocurra.
The Animal Farm es una obra paralela al Principe de Maquiavelo.  La diferencia es inmensa y clave: mientras que El Principe de Maquiavelo fue dirigido a la realeza para someter a sus súbditos, The Animal Farm fue dirigida al pueblo para que no se dejase. 
El libro construye carácter y se lee con rabia —sobre todo si usted es Venezolano, Colombiano, Cubano, o algún tipo de latinoamericano en cuyo país los políticos se descararon—.  Orwell, con sus animales, nos insulta diciéndonos la verdad en la cara, con su granja nos trata como niños para ver si así podemos entender.  Es un libro importante, uno que vio la luz el mismo año en que el hombre arrasó con dos ciudades.  Talvez para eso lo escribió el inglés: para que esto no ocurriera nuevamente.

New York, Noviembre 26, 2009

El hombre duplicado


Autor: José Saramago

¿Qué pasaría si un día nos damos cuenta que no somos únicos en el mundo? Con esta premisa el nobel portugués desarrolla su trama. Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia, se sienta un día a ver una película sólo para darse cuenta que uno de los extras es idéntico a él. El autor no habla de una persona que se parece a otra; él especifica que tienen el mismo timbre de voz, las mismas cicatrices, los pelos de la cabeza y de las manos, y hasta la misma fecha de nacimiento. A partir de ahí los dos idénticos se conocen sólo para comenzar a autodestruirse.
Saramago es un monstruo de la literatura. Con el tiempo perfeccionó su estilo hasta prácticamente liberarse de los puntos y los párrafos —usa estas puntuaciones, pero con mesura y como si fueran a acabársele—. A un lector que nunca le ha leído le tomará dos páginas habituarse; una vez entrado en el libro le será muy difícil soltarlo.
El hombre duplicado es también una lección de escritura. El portugués, haciendo de narrador, explica dentro del libro las tácticas que usa para construir su trama. Este tipo de riesgos son comunes en la literatura y por lo general terminan dañando el libro; pero Saramago es un maestro y usa el recurso con tal pericia que termina embelleciendo la obra.
Este libro es un viaje existencial, un discurso sobre lo que significa la identidad, su relación con el pasado, con los otros, y de cierta manera, con dios. A cada página va generando preguntas que incomodan al lector. Saramago termina su libro con un final trágico y delicioso. No se va sin antes decirnos que nuestro valor como personas está directamente ligado a la manera como hemos afectado el mundo en que vivimos. Otra cuestión a pensar…
New York, Noviembre 22, 2009

Leaves of Grass

Autor: Walt Whitman
Walt Whitman, nació en Long Island y fue newyorkino de corazón. Registró la primera versión de Leaves of Grass en 1855 y siguió editándola prácticamente hasta su muerte —de hecho, la última edición se llama the deathbed edition «la edición del lecho de muerte». El texto comenzó con doce poemas y terminó casi con 400 convirtiéndose en una de las obras más importantes de la literatura americana.
Su estilo es fluido y casi puede leerse como prosa. En sus poemas, Whitman habla de la guerra, de las prostitutas, del esclavismo, de los gobiernos, y finamente del sexo de hombres y mujeres —lo que también le generó alguna fama de bi-sexual—. Hojas de hierba (por su traducción en español) tiene una prefacio maestral —mucho más que sus poemas—, donde habla de la función y la importancia del poeta, y de la definición del autor sobre el americano. La introducción es potente —es difícil no leerla dos veces— e inspiradora; Whitman no escribió lo que el americano era, sino lo que debía de ser.
No se puede hablar de Leaves of Grass sin hablar de su autor. Whitman es definitivamente una de las fuerzas que cambiaron e influyeron la historia de los Estados Unidos. En su tiempo, cuando en New York se trabajaba los siete días de la semana, donde los caballos se pudrían en las calles y la ciudad era un hormiguero que no paraba —esto no ha cambiado—, Whitman caminaba por sus calles apreciándolo todo. Le gustaba la guerra, la paz, el honor, el deshonor, los pobres, los ricos, la vida, la muerte, todo en cuanto podía relacionarse al ser humano. Y fue esto, esta característica tan escasa en ese tiempo, lo que le generó problemas y luego le dio la gloria. Porque Whitman fue siempre una brújula loca que a veces apuntaba al este, otras al oeste, pero siempre en dirección norte; apuntaba hacia la libertad, hacia la exploración del ser humano hasta sus últimas consecuencias. Para él no existía lo feo, lo único que detestó siempre fue la injusticia. Él pensaba —y la historia le dio la razón— que la fuerza de New York era su diversidad, esa mezcla de razas que hacía de su Mannahatta —esto no es un error, es el nombre original de Manhattan que significa tierra de muchas colinas— una ciudad que caminaba sin descanso hacia el progreso.
Finalmente, Whitman ha sido el más poeta de los poetas —si se me permite esta expresión—. Un hombre que, literalmente, como sus Leaves of Grass, se escribió a sí mismo. No fue sumiso, pacifico, callado, introvertido; fue un terremoto. La primera edición de su obra fue publicada por sí mismo y elogiada por Emerson —uno de los más grandes pensadores de los Estados Unidos en ese tiempo—; Whitman publicó su segunda edición con el elogio de éste sin pedirle permiso. Porque así era él. La prueba de un poeta es que su país lo absorba con tanto cariño como él lo ha hecho, escribió el autor en las últimas líneas de su prefacio y resumiendo lo que era su labor.
Para poder apreciar un poco de su obra, he traducido otras cuantas de sus líneas:
Yo soy Walt Whitman, un Cosmos, hijo del poderoso Manhattan/turbulento, carnal y sensual/ hambriento, sediento y procreador/no un sentimental—no mejor que ningún hombre o mujer ni separado de ellos/no más modesto que arrogante
Aquél que degrada a otro me degrada a mí/y lo que sea que es hecho o dicho a otros, es hecho o dicho a mí…
Yo hablo la clave primitiva—yo doy la señal de la democracia/¡Por Dios! Que yo no aceptaré menos que lo que los otros reciban en las mismas circunstancias.
Lo que sea que satisfaga al alma, es verdadero…
Un gran poema no es el fin para un hombre o para una mujer, es sólo el inicio
Yo soy el maestro de los atletas/aquél que por mí agranda su pecho más que yo, prueba la grandeza del mío/aquél debe honrar mi estilo y aprender a destruir a su maestro.
New York, Noviembre 15, 2009

El buscón


Autor: Francisco Quevedo
El buscón es una de las insignias de la novela picaresca española. Es la historia de Pablos, un tipo hijo de un barbero ladrón y una bruja, que trata sin éxito de superarse. El personaje intenta ir a la escuela, trabajar, ser ratero y estafador, todo con miseros resultados. Al final, el salado termina huyendo de la justicia embarcándose a las Indias.
Mas el valor de la novela no es la historia como tal —aunque el tema tenga infinito potencial—; su riqueza yace en la sátira de la sociedad española de ese tiempo, y en el retrato de ese país que por esas épocas -1600-, decaía. Quevedo critica:
Deciame mi padre: "Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal". Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: "Quien no hurta en este mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? ...
Es un libro interesante para aquellos que les interese la lingüística de la época y la jerga de los bajos mundos de entonces
New York, Noviembre 7, 2009

La Celestina

Autor: Fernando de Rojas
Pero bien sé que sobí para descender, florecí para secarme, gozé para entristecerme, nascí para bivir, biví para crecer, crecí para envejeçer, envejecí para morirme. Y pues esto antes de agora me consta, sofriré con menos pena ni mal, aunque del todo no pueda despedir el sentimiento como sea de carne sentible formada.

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