Autor: Fernando Quevedo
—¿Y cómo se llama —dije yo— la calle mayor del mundo, donde hemos de ir?
—Llámase —respondió— Hipocresía, calle que empieza con el mundo y se acabará con él; y no hay nadie casi no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento en ella.
De no ser por el humor del español, sus sueños hubieran sido pesadillas. El infierno y los muertos son el tema recurrente. Oníricamente Quevedo condena a hombres y mujeres de todas las profesiones asignándoles una buena diversidad de castigos en el infierno. Crucifica especialmente a escritores, boticarios, legisladores, reyes, jueces, taberneros, sastres, etc. En uno de sus sueños decide salvar a los pobres bajo una premisa simple: puesto que el infierno viene de lo material y los pobres no tienen nada, pues no hay evidencia para condenarles. Esto no dura mucho pues en el sueño siguiente vuelve a condenarlos o por perezosos, o por inocentes, o por ensoñadores.
Es un libro interesante desde el punto de vista histórico. Tiene algunas frases que harán sonreír al lector y una otra meditación interesante sobre ideas preconcebidas de la época. El texto devela, más que nada, las frustraciones y talvez los fracasos de la vida del español. Cuando se termina de leer las diferentes historias que conforman su libro, queda la impresión de que todos arderemos y que talvez, sólo talvez por eso, el infierno no será tan malo.
New York, Diciembre 12, 2009
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