La Celestina

Autor: Fernando de Rojas
Pero bien sé que sobí para descender, florecí para secarme, gozé para entristecerme, nascí para bivir, biví para crecer, crecí para envejeçer, envejecí para morirme. Y pues esto antes de agora me consta, sofriré con menos pena ni mal, aunque del todo no pueda despedir el sentimiento como sea de carne sentible formada.
Éste es uno de los párrafos escritos por Fernando de Rojas en La Celestina. Para que el lector pueda poner el libro en contexto diremos que este texto ya se había publicado un siglo antes que el Quijote y sesenta y cuatro años antes de que Shakespeare naciera. En esta época el castellano poco usaba la “Z”, abundaba la “Ç” y se veían claramente —mucho más que ahora— las similitudes con lenguas como el portugués, el italiano, el francés, y hasta el inglés. Pese a lo antiguo el libro puede leerse con facilidad. Es increíble que tengamos a la mano un testimonio de lo que fue nuestra lengua, de los refranes y dichos que han durado ya quinientos años, y de la evolución de las palabras y el alfabeto.
La Celestina cuenta la historia de un hombre de alcurnia que, desesperado por un amor, sigue los concejos de uno de sus empleados y consulta a una especie de puta vieja y medio gitana. La gitana promete que le entregará a su amada y cumple. Pero ahí no termina el asunto. El empleado que la recomendó tiene todo planeado con la anciana sacar su tajada de la cuota que ésta pretende cobrar. Al momento de la repartición de bienes, la vetusta ramera se niega a partir mitades y es asesinada por el mozo. En el escape por una ventana, el mozo y un amigo —otro empleado del enamorado— son agarrados por la policía que de inmediato los ejecuta. La novia del mozo —protegida de Celestina— dice que todo es culpa de los dos nobles enamorados y planea una venganza que funciona, pero por carambola. Al final los amantes mueren: uno descalabrado y el otro, como los pájaros: de tristeza.
El libro a veces agarra y a veces suelta; hace reír y al mismo tiempo envuelve al lector en un mundo oscuro que muchos autores, hoy en día, no logran. Al principio parece que no hay actores principales —ni siquiera Celestina—, luego el lector se da cuenta que lo principal es el argumento, una encrucijada de historias que impacta pues desentona con lo lineal de los otros escritos de su época. Puede que La Celestina haya sido una de las primeras novelas complejas.
New York, Noviembre 1, 2009

Autor: José Antonio Velasco

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Las más populares