Ursúa

Autor: William Ospina
Cada barco llevaba una historia complicada y sangrienta, y mucha gente nueva iba quedando prisionera en su trama.  Europa tiene dogmas y linajes y arcángeles; las Indias son otra manera de vivir, de perseguir fortuna, de hablar con la tierra y sus dioses.  Aquí la lengua no nombra las mismas cosas ni las mismas pasiones, aquí verdad y mentira parecen tejidas con otra sustancia, aquí todavía al mundo lo gobiernan los sueños, si no las pesadillas; el oro está más lleno de promesas y arrastra más hombres incaustos a la muerte; nada logra volverse costumbre, la sorpresa es el hábito, y cada día trae un sabor mezclado de frustración y de milagro.
Este libro cuenta la historia de Pedro de Ursúa, un conquistador español a quien en el siglo catorce y quince se le atribuyeron varias barbaries, una historia tan increíble y al mismo tiempo, tan bien documentada que es difícil soltarla. El tema de la conquista puede parecer aburrido a muchos; a los latinoamericanos nos recuerda esos libros con los que nuestros profesores casi nos torturaban en clase y que a muchos alejó de la lectura. En este aspecto y con su texto, Ospina se luce. Cuenta su novela en primera persona, haciéndonos pensar que no sólo estamos ahí —hace casi seiscientos años—, sino que también somos amigos del conquistador y del minucioso narrador.
El colombiano, un escritor que empezó como poeta —esto no quiere decir que haya dejado su primer oficio, ni que éste sea menos decoroso—, utilizó su experiencia para llevarnos por la selva haciéndonos sentir su olor, su peligro, y las ganas de seguirle. Aquí  una de sus descripciones:
No recordaba el canto, pero yo después oí por sierras de Coscuez (y sin contar que había sido amigo de Ursúa, para no despertar la ira de sus víctimas), esos pregones de indios que hablan de destellos de agua y de esponjas de musgo, que nombran en una sola frase la quietud de los montes y de los grandes lagartos, que son oración y amenaza, y llevan el agua hirviente de las profundidades y el ojo rayado de la culebra, y recogen la luna y el cuello de la iguana, las hojas que vuelan y las piedras que caen, en un canto precioso y triste como el ala muerta de un escarabajo.
El libro junta tres excelentes cualidades: atrapa, está sustentado en investigación, y es maestralmente narrado. A los latinoamericanos la historia nos lleva más cerca de los hechos que sacudieron nuestras tierras, baja de sus estatuas a todos esos conquistadores a los que nos enseñaron a idolatrar en nuestras escuelas, y más que nada, nos da un paseo por lo que fuimos. Es, definitivamente, uno de los mejores libros que se han escrito en Colombia en los últimos años.
Península de Yucatán, México, Agosto del 2009

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