Los Cuentos de Onetti


Autor: Juan Carlos Onetti

Los cuentos de Onetti son algunos difíciles, otros abstractos, otros, simplemente lindísimos. El uruguayo plasma en sus relatos lo que a veces pueden ser las farsas de las relaciones humanas, los amores convalecientes —algunas veces ya desahuciados—, o los tratos hechos como puentes, que continúan en sus sitios más por inercia que por el uso. Sus personajes son seres casi mediocres, aburridos de la vida, y con experiencias o eventos que pueden pasarle a cualquiera, pero que no pasan. Lo grande de Onetti es su forma de narrar, el uso de sus adjetivos y sus descripciones. Muchas de las historias son un espejo absurdo que nos hace reflexionar sobre nuestras relaciones con la vida y las personas. El uruguayo no veía nada especial en los seres humanos —“Las mujeres no le importaban de verdad: eran personas”—, y es este, el punto de vista más fuerte en sus relatos. Con sus historias él crea un pueblo que oscila entre lo real y lo imaginario —Santa María—, un tipo que puede ser cualquiera de nosotros —el médico Díaz Grey—, y más que nada, narraciones que nos deleitan con descripciones que definitivamente fueron escapismos de poesía:

Nos ayudamos a desnudarla en lo imprescindible y tuve de pronto dos cosas que no había soñado nunca: su cara doblegada por el llanto y la felicidad bajo la luna, la certeza desconcertante de que no habían entrado antes en ella.

Casi desnuda, con el cuerpo recto y los pequeños senos horadando la noche, siguió marchando para hundirse en la luna desmesurada que continuaba creciendo.

Entre sus mejores cuentos están Jacob y el otro, que es el relato de un manager que creyendo que su boxeador se está volviendo viejo, pierde de vista que quien envejeció fue él; El album, que es la historia de un tipo de que se enamoró de las mentiras que le decía una mujer, sólo para al final, una vez ida la heroína, descubrir que todas sus mentiras eran verdad; El obstáculo, que es la historia de un escape que se arruina por que el prófugo se queda viendo como un compañero se muere en una cama; y El posible Balde, la narración de un extraño que se encuentra a una mujer en la calle y comienza a inventarle cuentos que después siguió inventando porque eran increíblemente irreales —el tipo mataba negros en el África— y porque la mujer los seguía creyendo. Como ya se dijo, no todos sus cuentos son fácilmente digeribles, unos hay que leerlos dos o tres veces pues los adjetivos hacen que el lector se pierda con facilidad. Aun así, después de leer sus relatos se conoce el mundo creado por Onetti, ese mundo que existe en alguna parte y que puede convertirse en el lugar donde podemos vivir… aunque sea por un rato.
New York, Julio 21, 2009

Autor: José Antonio Velasco

1 comentario:

Diana dijo...

Parece muito interessante!

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