Autor:
Italo Calvino
Napoleón chasqueó los dedos como si por fin hubiera encontrado la frase que estaba buscando. Se aseguró con una ojeada de que los dignatarios del séquito le estaban escuchando, y dijo, en excelente italiano: ¡Si yo no fuera el Emperador Napoleón, me habría gustado ser el ciudadano Cosimo Rondò!


